domingo, 27 de diciembre de 2009

BUDISMO ESENCIAL PARA LA VIDA DIARIA.

Queridos amigos y amigas:

En primer lugar os doy las gracias por vuestras cálidas palabras de apoyo en mi anterior post sobre la muerte de mi madre. No puedo decir más, pues han sido un bálsamo en estos tristes momentos. A todos y todas, mi total gratitud.

Creo que el siguiente texto budista es una magnífica síntesis de la esencia práctica y clara del Dharma. Reflexionar sobre él puede servir como inspiración en momentos difíciles:

Al budismo se le denomina “La Senda Intermedia” o “El Camino del Medio”. El problema, como dijo Vasubandhu (año 300 d.C.), es distinguir el medio de los extremos. El budismo no está enraizado en ideas de naciones escogidas y pueblos escogidos: es universalista y no teísta. En el budismo una persona no consiste en una esencia eterna: una persona es lo que hace. Las personas no son “escogidas”, crean el futuro con sus actos.

El budismo vino al mundo negando vigorosamente la cooperación con una serie de graves opresiones: la opresión del sistema de castas; las opresiones del racismo, del sexismo y otras formas de prácticas sociales engañosas y no iluminadas; la opresión de los pobres y débiles por los ricos y poderosos; la opresión de los animales, Buda dio ejemplo personalmente renunciando al poder terrenal y trabajando incesantemente por el bienestar de todos.

El error del egoísmo, tal como se practica habitualmente en el mundo moderno, esta situado en las ideas de independencia material y control. Cada persona piensa que tiene que ser materialmente independiente y procura tener el control sobre su futuro. Ninguna de las dos cosas es posible. Tales personas, por lo tanto, no viven en el mundo real.

La autonomía espiritual no significa convertirse en esclavo del gusto. A partir del gusto surge la ansia y el apego. A partir de estos surgen proyectos de separación. Nace una identidad y de esa identidad separada crece la alineación y la soledad y la soledad y la vida desperdiciada. Buda denomina a esto la “mortuoridad” (mara–na).

El budismo es la medicina para un mundo enfermo. Busca cultiva la paz, el alivio, la ética firme, la reconciliación, las buenas relaciones y unas vidas más felices. No es simplemente un planteamiento para la felicidad y salvación individual, sino que esta enfocado principalmente a proporcionar esos supremos beneficios al mundo en general. No podemos sanar a los privilegiados sin emancipar a los oprimidos, más de lo que podemos sanar a la humanidad en su conjunto sin sanar a la naturaleza.

NUEVO BUDISMO. Guía básica para una nueva forma de vida. Autor: David Brazier. Editorial: Oberon. Madrid (2001.

jueves, 24 de diciembre de 2009

MI MADRE.

Queridos amigos y amigas:

Estaré ausente hasta el domingo 27 de diciembre porque mi madre Carmen será enterrada hoy día 24 a las cuatro de la tarde. Falleció ayer a los 88 años de edad.

Sé que vuestros corazones estarán conmigo en este doloroso momento.

He tenido el privilegio de tener una madre que no solo nos ha dado cariño y abnegación sino sabios consejos, equiparables al más iluminado de los maestros espirituales.

Os dejo mi cariño y agradecimiento, deseando que disfrutéis de una feliz Navidad, pues el dolor no debe impedir desear la felicidad a todo el mundo.

Sé que además de mi familia también estaré acompañado de vuestro cálido cariño.

Un fuerte abrazo y hasta pronto.

domingo, 20 de diciembre de 2009

PROVERBIOS TIBETANOS.



Los refranes y proverbios son universales, cada cultura tiene los suyos que definen un acervo cultural propio que se hace extensivo a toda la humanidad.

He aquí una pequeña muestra de proverbios tibetanos que pueden servir de fuente de inspiración y reflexión:


* Si pierdes el caballo, puedes recuperarlo;
pero si pierdes la palabra, es para siempre.


* Si no vas de acuerdo con uno, es su problema;
si no vas de acuerdo con nadie, es tu problema.

* Miente una sola vez
y no te creerán después aunque digas la verdad.

* No te fijes en lo que dice,
observa lo que hace.

* Antes de criticar a alguien
asegúrate de que no tengas tú la nariz tapada de tsampa (
comida típica tibetana).

* No hay nadie más sordo
que quien no escucha los consejos de otro.

* En un recinto sagrado, ora;
en una pista de baile, baila.
(Donde fueres, haz lo que vieres)

* Pasar por alto el gran saco de los defectos propios
y censurar el saquito de los defectos de otro.
(Ver la paja en el ojo ajeno
y no la viga en el propio.)


* Boca de azúcar, corazón de sierra.
(Obras son amores, que no buenas razones.)

* Aunque se cubra de sedas,
el perro huele mal.
(Aunque la mona se vista de seda,
mona se queda)

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http://www.world-pictures.nl/images/nepal/uitzicht-vanaf-jamacho-peak-himalaya.jpg

sábado, 12 de diciembre de 2009

HAY UN "UNO POR CIENTO" DE ESPERANZA.


Es obvio la humanidad no va a cambiar súbitamente hacia un nivel de conciencia ética que le permita sobrevivir a este caos social, económico y ecológico. Y no se trata solo de sobrevivir sino de hacernos responsables de cada acto. Nuestras acciones interactúan con el entorno y el resto de las personas, ya sea para bien o para mal y éstas a su vez responden a dichos actos generando respuestas que, como bolas de billar, acaban por afectarnos a todos.

El físico John Wheeler afirma que no sólo tenemos un rol en lo que él llama un "universo participativo" sino que está convencido que desempeñamos el papel principal. Este científico dice que en esta obra inacabada de creación cósmica, "somos pequeños fragmentos del un universo que se mira a sí mismo y que se construye a sí mismo.

Y como prueba de lo que estoy comentando vamos a leer con atención este curioso pero a la vez trascendente experimento. Un experimento que está al alcance de todos:

En 1972, veinticuatro ciudades de los Estados Unidos con poblaciones de más de 10.000 habitantes experimentaron cambios significativos en sus comunidades cuando tan solo la raíz cuadrada del uno1% de su población participó en esta investigación.

Los participantes usaron técnicas específicas de meditación para crear las experiencias interiores de paz que luego se reflejaron en el mundo exterior. A esto se le llama el “efecto Maharishi”, en honor del maestro de Yoga Maharishi Mahesh Yogi, que afirmó que cuando un 1% de la población practicase los métodos de meditación que él proponía se produciría una reducción de la violencia y del crimen en esa población.

Estos y otros estudios similares llevaron a la realización de un proyecto que se convirtió en un hito histórico: El “Proyecto Internacional de paz en Oriente Medio”, publicado en 1988 en el Journal of Conflict Resolution.

Veamos en que consiste esta curiosa fórmula de la “raíz cuadrada del uno por ciento”.

“International Peace Proyect in Middle East”: The Journal of Conflict Resolution:

“A mediados de los ochenta del siglo pasado, durante la guerra entre Israel y Líbano, varios practicantes fueron adiestrados en técnicas específicas de la Meditación Trascendental para que pudiesen crear paz interior (en lugar de que simplemente se limitasen a pensar en la paz o a rezar para que llegara).

En determinados días del mes, a ciertas horas del día, estas personas fueron colocadas en las zonas de Oriente Medio desgarradas por la guerra. Durante el espacio de tiempo en que ellos estuvieron en paz meditando, se redujo el número de ataques terroristas, de crímenes contra las personas, de visitas a urgencias y de accidentes de tráfico. Cuando los practicantes interrumpieron su práctica las estadísticas volvieron a elevarse a los niveles anteriores. Estos estudios confirmaron los resultados: Cuando un pequeño porcentaje de la población accede a un estado de paz interior, esa paz se refleja en el mundo exterior.

Los resultados tenían en cuenta los días de la semana, las vacaciones e incluso los ciclos lunares; y eran tan consistentes que los investigadores pudieron determinar la cantidad mínima de personas que tenían que experimentar paz interior para que esta paz se reflejara en el entorno: la raíz cuadrada de un 1% de la población. Esto representa sólo la cantidad mínima necesaria para que el efecto pueda comenzar –cuanta más gente participe, más marcado será el resultado-. Aunque no podamos comprender totalmente todas las razones por las cuales se producen estos efectos, pero las correlaciones y los resultados demuestran que existen. Podemos aplicar estos principios en cualquier grupo humano, trátese de una pequeña comunidad, una congregación religiosa, una gran ciudad o el planeta entero.

La fórmula para determinar cuánta gente hace falta para trabajar por la paz y la curación dentro de un grupo humano es la siguiente:

• Calcular el número total de personas de una población dada (comunidad de vecinos, ciudad en la que se vive, nación, escuela, prisión, etc.

• Calcular el 1% del número anterior (multiplicar el total por 0,01).

• Calcular la raíz cuadrada del 1% obtenido.

Esta fórmula produce números que son mucho menores de lo que uno podría esperar. Por ejemplo, en una ciudad de un millón de personas, el total es de alrededor de 100. En un mundo de seis mil millones de habitantes, el total es de sólo unas 8000 personas. Este cálculo sólo representa la cantidad mínima para iniciar el proceso. Cuanta más gente participe, más rápido se expande el efecto.

Aunque este y otros estudios similares merecen ser explicados con más detalle, muestran que existe un efecto que está más allá del azar”. http://www.mind-surf.net/magazine/dieciseis.htm

Todo esto lo desarrolla magistralmente Gregg Bramen en su magnífico libro: La matriz Divina.

¿No es impresionante? Además está al alcance de todos y tiene profundas resonancias científicas, sociales y religiosas. El budismo siempre ha dejado constancia de todo esto, aunque ahora tenemos una fórmula matemática para poder desarrollarlo y comprobarlo estadísticamente. ¿Te animas a comenzar con un pequeño grupo?

Con mis mejores deseos para todos vosotros en estas entrañables fiestas navideñas.

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sábado, 5 de diciembre de 2009

LA COMPASIÓN "EGOÍSTA".


La compasión es la piedra angular de la filosofía budista, así como en el cristianismo el núcleo es el amor, el “ágape”. La capacidad de sentir o generar compasión hacia los seres sintientes es una consecuencia del “buda interior” que habita en cada uno de nosotros, pero que está oscurecido u oculto por la ignorancia. Todos participamos de la misma naturaleza búdica (o “crística”, si lo preferís mejor). No obstante debemos describir mejor el enfoque que le damos a la compasión. En occidente tenemos inculcado que la compasión hay que sentirla por el ser que sufre y no por el que hace sufrir. Visto así es difícil de comprender. Lo voy a ilustrar con una historia de la tradición zen que ayudará a aclarar mejor lo que estoy diciendo:

“Un maestro zen se dirigió con sus discípulos a un retiro en un bosque. Al llegar, los discípulos fueron a buscar leña. Entonces vieron como un cazador mataba a un ciervo con su arco y flechas. Al regresar le contaron al maestro la gran compasión que habían sentido por el pobre animal. Al oír esto el maestro se levantó y dio por terminado el retiro. Se había suspendido porque aún no estaban preparados para progresar, no comprendían qué era la compasión.” En el budismo es quien genera el sufrimiento el que debe merecer nuestra compasión y perdón, pues está dirigiendo contra sí mismo a través de su acción el veneno que destruye su integridad moral y espiritual. Quien sufre, al fin y al cabo, no ha realizado nada que dañe su propia humanidad. Al que sufre hay que ayudarlo e incluso desear, en nuestras meditaciones, “absorber” su dolor y diluirlo en nuestros corazones, en una maravillosa práctica procedente del Yoga Tibetano del Corazón denominada “Llevarse la oscuridad”. Esa es la diferencia. Por eso debemos ser “compasivamente egoístas”, pues al ayudar y sentir compasión por los demás estamos beneficiando a la sociedad y también, por lo tanto, a nosotros mismos. El siguiente paso en nuestra transformación interior será realizar todo esto sin sentir la necesidad de recibir nada a cambio, hacerlo todo de forma absolutamente desprendida y sin apegos. Ese amor incondicional nos conducirá a la liberación del sufrimiento y a la felicidad absoluta. Para ello hay ejercicios que nos pueden ayudar a ser más compasivos, algunos de los cuales ya han sido explicados en otras entradas del blog, como la meditación “Metta”.

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Las ilustración fue bajada de aquí:

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